Ayúdame con un click

miércoles, julio 09, 2014

Progreso revolucionario del siglo XXI

Una tarde cualquiera en Caracas, cuando como de costumbre me di una vuelta por los sitios de libros usados a ver que me compraba, en un puesto que ya no existe por cierto, me interpeló el vendedor, quien a su vez tenía estampa de ser más buhonero que librero, sin embargo el señor al ver mi interés por su mercancía me buscó conversación y no halló mejor tema que abrir un texto de esos de autoayuda para mostrarme una página donde decía que la gente era pobre por que le daba la gana. Como no es de buen gusto andar discutiendo ni polemizando con extraños, le sonreí, dije cualquier cosa y me fui, recuerdo haberle comprado unos libros que pensé devolver no por malos si no porque me los vendió un resentido social más de esos tantos que pululan por estas calles.

Recuerdo haberme ofendido ante la conversa pues estoy seguro que el vendedor ganaba más que yo como docente, aunque debo admitir que vender libros en Venezuela cada vez es peor negocio, sobre todo porque los tales buhoneros pretenden venderte un libro amarillo de hongos a precio de cadena de librería, al final todo es asunto de regatear.

Bien, la cosa de la pobreza es un asunto de dedicación, ciertamente a nadie le agrada ser pobre pero toca trabajar en función de dejar de serlo, incluido claro estudios y perfeccionamiento del oficio, quejarse y lamentarse sin hacer nada realmente productivo no tiene sentido, pero el inmediatismo es cosa seria en este país y creo que en toda Latinoamérica, si no me creen váyanse un viernes cualquiera (mejor si es quincena) a la licorería de barrio más cercana, tómense una cerveza y busquen conversa a los parroquianos que allí estén, verán que la mayoría son obreros con sueldo mínimo que se dan el tupé de beberse media semana de sueldo allí y que de una vez planifican lo que beberán el sábado y el domingo, planificando también que mentira le dirán al jefe para solicitar un adelanto del sueldo que les permita comprar un mínimo de comida para que la esposa no los bote de la casa, cuando no es que se comentan con cierto orgullo que su mujer los mantiene vendiendo cualquier cosa en cualquier parte. Si no les convence, cambien el escenario por cualquier sitio de apuestas, igualmente verán a gente de muy escasos recursos gastándose sus modestos ingresos en fantasías de premios instantáneos donde el único que gana es el dueño de la franquicia, igual se quedan sin dinero para nada, igual de pobres y quejándose de que el mundo los odia.

Particularmente no entiendo eso, seguro soy una suerte de extraterrestre, igual me agrada la farra, la fiesta, las mujeres, el alcohol, la conversa y sueño con no ser tan pobre que no me pueda comprar el vodka que me gusta ni la casa de mis sueños y mucho menos salir con mi familia de vacaciones a CanCun , bueno, la verdad ni a Choroní me alcanza. Pero no puedo pensar en gastarme el mísero sueldo de docente en fiestas hasta que no cumpla las obligaciones, de seguir intentando mercadear mi trabajo, de estudiar, escribir, trabajar hasta los fines de semana para redondear el ingreso. Luego de cumplidas las obligaciones (si algo queda) se vale bebérselo, total acá, en este país ahorrar no tiene sentido pues la inflación se come lo que guardes antes de un mes.

En esta reflexión tiene mucho que ver la política, aunque siempre han existido los “vivos” y timadores que andan a la saga de vivir sin trabajar, antes, cuando yo era niño, se estilaba que las familias apuntasen hacia el estudio y el esfuerzo común para progresar, se apoyaba e inculcaba el estudio como fuente para poder dejar de lado la pobreza, conozco muy de cerca bastantes ejemplos de lo que digo, podría hasta documentarlo. Ahora en cambio el lugar común es el de la trampa, la mentira, el rastrerismo, la politiquería y con ella la malversación revolucionaria, las misiones, el odio visceral en contra de la burguesía (mal entendida por cierto) donde cabemos todos los que de alguna manera algo hemos hecho, el pensamiento crítico, la reflexión y hasta la investigación son cosas del pasado y además muy mal vistas por los menos afortunados económicamente hablando.

Algunos hablan de que en la cuarta no había oportunidades de estudio, cuando la realidad es otra cosa pues conozco muchos profesionales exitosos que hicieron sus carreras a punta de becas, comedor universitario, empleos de medio tiempo y miseria del bolsillo pero riqueza mental y animo de superación, además algunos hasta posgrados hicieron en el extranjero patrocinados por los programas de Funda Ayacucho, así que esa es una falacia decir que no se podía, todo es parte de un discurso maniqueo destinado a camuflar la incapacidad gubernamental y a impulsar la dependencia ya que un “pueblo” dócil es fácil presa de cualquier barbaro que pretenda gobernar a punta de petrodólares que diciendo que quiere el futuro más bien lo ahoga en miserias tal y como (yo) lo estoy viendo en este momento.
José Ramón Briceño, 2014

@jbdiwancomeback

1 comentario:

David Rojo dijo...

Muy acertada sus palabras profesor. Esa siempre ha sido una de mis quejas a la sociedad venezolana,querer gastarse todo. No han querido vender una etapa histórica del país donde los desaciertos estuvieron presentes; pero que dejó grandes frutos en el país. Un caso es mi madre, que con lucha y sacrificio logró graduarse. hoy día su título vale igual que ser obrero. Y no es que esté denigrando el trabajo de la persona, porque el trabajo "no deshonra". Pero "Al César lo que es del César..." Su caso por ejemplo es uno de los más tristes. Un docente debería tener un sueldo bien remunerado como en otros tiempos. Nos abren el camino, nos dan "la luz", pero en este país el color rojo vale más que cinco o más años de lucha en un recinto universitario.
Saludos.