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domingo, agosto 27, 2017

Xenofobia y venezolanos

Desde hace rato leo en todas las redes sociales, prensa digital y grupos en internet sobre la xenofobia que se cierne sobre mis paisanos en toda Latinoamérica. Cada nueva información está invariablemente comentada por muchos en contra y otros tantos a favor de ese pavoroso asunto de odiar de gratis al prójimo, de hecho he oído también a paisanos hablando pestes de su gentilicio llegando incluso al extremo de hablar a la perfección el dialecto local a fin de pasar desapercibidos para evitar el maltrato por parte de los nacionales del sitio donde viven.

El tema da para todo, sin embargo aún no he leído en ninguna parte propuestas para minimizar el efecto de la xenofobia, análisis certeros ni siquiera someros sobre las causas del mal comportamiento de algunos de los paisanos que están regados por todos lados pues seamos claros, los venezolanos han huido hasta donde han podido para buscar mejoras en la calidad de vida. Entre la multitud que cruza las fronteras hay de todo, desde profesionales hartos de mal vivir, malvivientes buscando ganar más a fuerza de lo que sea, trabajadores humildes que se deslumbran npor el espejismo de un sueldo mínimo que traducido a Bolivares son millones allá pero que en otra tierra es como en todas partes, el sueldo mínimo es ínfimo y apenas alcanza para medio vivir con un extremado esfuerzo , sobre todo en las clases menos educadas hay la creencia que con solo salir de Venezuela se acomoda la situación personal para formar parte de la sociedad que te recibe, craso error que pagan con sus vidas en algunos casos y en otros los obligan a sobrevivir a la mala pues como si fuese poco, ante la tristeza venezolana muchos se van sin documentos y otros tantos lo hacen con documentos pero las normativas locales limitan la regularización migratoria volviendo títulos y experiencias recuerdos lejanos y si tienen suerte serán parte de los millones de subpagados que sobreviven al borde de la miseria.

La xenofobia tiene muchas caras y casi todas las he visto, desde el que te maltrata apenas oyéndote hablar, el que te estafa con supuestos empleos que a su vez son otra estafa pero que en tu condición de trabajador ilegal es imposible denunciar, a su vez esa condición de subpagado hace que muchos empresarios inescrupulosos contraten mano de obra barata antes que los nacionales quienes (acertadamente) se quejan de que les quitan el trabajo. En el caso de los malvivientes, de esos no se puede hablar mucho sin embargo el país que los recibe debería cuando menos solicitar antecedentes penales o tomarse el tiempo aunque sea de googlear al aspirante para privarle la entrada si posee antecedentes penales, de los pobres de solemnidad que se vienen sin documentos tampoco pues la ley es la ley, pero eso no es excusa para apelar a malas conductas para sobrevivir. El último caso, el de los profesionales que cruzaron la frontera con ganas de trabajar tampoco escapan a ser subpagados en empleos donde malgastan sus habilidades, sin embargo muchos hasta agradecen pues fuera hay oportunidad de comer tres veces al día aunque no de sueños de American Dream.

Las causas de la xenofobia van desde una natural animadversión a la vulgaridad de muchos compatriotas que aún no se sacan el chip del barrio donde vivían en Venezuela , a los malvivientes que andan estafando a diestra y siniestra que además roban en las calles, como ya dije líneas arriba por que los empresarios inescrupulosos ofrecen muy bajos sueldos que quien tiene hambre y desamparo lo toma pues de otra la solución es volver a su tierra o morir de hambre en tierra extraña, por último los profesionales que tienen la suerte de estar legales y que por su superioridad académica logran cargos (igual subpagados si lo comparan con sus iguales locales)  llevándose por encima a muchos locales que aspiran al mismo puesto de trabajo, si a todo eso le sumamos la ridiculez y el amarillismo de muchos medios de comunicación hay por supuesto el caldo de cultivo para que te odien por tu pasaporte sin saber ni siquiera si eres mala o buena gente, el gentilicio te condena de una vez.

Soluciones hay muchas, desde que el país receptor pida antecedentes penales a todos aquellos que pretendan pasar hasta organizar a las fundaciones de acogida para que levanten un petitorio a los gobiernos para agilizar visas humanitarias a los que las soliciten, incluyendo claro programas de formación en áreas laborales para los extranjeros que deseen tomarlos. Hay países que ya están tomando medidas en ese sentido y se aplauden sin embargo hay otros donde las medidas humanitarias parecen no tener impacto real en la cantidad descomunal de emigrantes venezolanos que se cuelan por las fronteras permeables de cientos de maneras aparte de la legal. Para mitigar la xenofobia los paisanos deberían hacer sus propios medios de comunicación, solicitar a fundaciones que a su vez demanden mesura a los medios pues francamente están haciendo fiestas semánticas para avivar el asunto xenofóbico solo por tener más visitas en sus notas a su vez hacer presión por todos los medios posibles para que los gobiernos de los países que reciben a los emigrantes relajen un poco las medidas para permitir que los emigrantes puedan regularizar su situación legal , solo así podrán dejar de ser parias para comenzar a ser parte productiva del país que los acoge incluyendo la generación de impuestos y la colaboración plena con la sociedad, a los molestes pues nada, esos “amigos” deben ser deportados sin mucho ruido, no es posible que ninguna nación reciba gentes con prontuarios policiales, pero la inmensa mayoría no tiene ni siquiera un paseo en patrulla policial, son gentes de bien que escapan del hambre pues en Venezuela hasta quien tiene trabajo pasa hambre.

Otra cosa, ya basta de dar lástima diciendo lo miserables que nos sentimos por estar pobres y desamparados en tierra extraña, toca ponerse los pantalones, ofrecer soluciones y por sobre todas las cosas, dejar de dar razones para que los locales nos odien, muy al contrario hagamos causa común para que nuestro gentilicio sea bien recibido, organicemos a los profesionales y los que tienen oficios para que den instrucción a quienes no a fin de capacitar para el trabajo, denunciemos de manera organizada el maltrato laboral, la estafa y la segregación que es un derecho humano contemplado por todas las naciones que comprenden las convenciones internacionales, vetemos a los medios amarillistas y seamos solidarios con el que lo merece.
José Ramón Briceño , 2017
@jbdiwancomeback


jueves, agosto 24, 2017

Crónica de mi paso por Calcuta

Crónicas de mi paso por Calcuta (Cúcuta , Colombia, agosto del 2017)
Desde que me hice adulto he laborado en dos cosas, la docencia y la fotografía, la primera es mi profesión y la segunda el oficio que en verdad me ha dado de comer durante toda mi adultez. Haber estado en tantos sitios, conocido tanta gente, dar clases o ser reportero tanto en espacios de alto poder adquisitivo como en barriadas miserables me hizo pensar durante mucho tiempo que lo había visto todo, es más, hasta fracasar en diversos intentos de emigración que me han hecho rodar muchos más kilómetros de los que alguna vez imaginé no me habían preparado para las diversas tragedias que presencié una noche en Cúcuta

Esa noche que pasé durmiendo en el terminal de esa ciudad colombiana entendí a formas cabal las razones por las cuales en el resto de Latinoamérica los nuevos parias somos los venezolanos. El asunto es que últimamente no emigran, huyen y entre esa barahúnda de exiliados económicos y políticos cunde la pobreza, los hay que emigran solo con lo puesto , sin un céntimo para comer ni papeles para legalizar , ese asunto obliga a muchos hasta a robar para ganarse la vida o cuando menos la comida del día, también hay mujeres que se prostituyen por unas cuantas monedas, yo vi una muy linda muchacha ofreciendo sus servicios en los alrededores del terminal de autobuses de Cúcuta  por veinte mil pesos colombianos lo que equivale a comprar cuatro cajas de cigarrillos baratos y viéndolo bien esa mujer hubiese podido pedir más y seguro encontraba quien le pagase sin embargo me figuro que estaba desesperada. En ese mismo sitio conocí a varios compatriotas que estaban en la misma indigencia, uno de ellos estaba esperando que saliese un bus hacia Bogotá, su historia es similar a la de muchos con el añadido de que se iba sin más que algo de equipaje, el pasaje de bus y dinero si acaso para pagar un almuerzo, él contaba que había dejado esposa e hijo en alguna ciudad del llano venezolano , que lo habían despedido de su empleo y gastó la liquidación integra en un mercado comprado en la frontera y que mandó a casa con un familiar que lo acompañaba, el joven se iba a la aventura a buscar la manera de vivir.

No es que yo anduviese en mejores condiciones o con más dinero pero cuando menos al día siguiente dormiría bajo techo en casa de mi hermana menor y sabia que comería algo caliente , el amigo ni idea de cuando volvería a comer completo. Mientras hablábamos tomando un tinto se acercó un hombre también joven a avisar que a una cuadra, en una plaza cercana estaban dando comida a los venezolanos. Por razones que no van al caso casi volé pues no había comido y hasta el dia siguiente no tendría fondos para eso así que ese nuevo amigo y yo salimos lo más rápido que nos permitían los respectivos equipajes hasta la plaza en cuestión, allí estaban no menos de ciento cincuenta personas de todas las estampas posibles imagino que la diáspora no tiene rango social específico, sin embargo todos estaban hermanados por la pobreza pues la diferencia de cambio entre el peso y el bolívar es abismal (mientras esto escribo está a 0,20 pesos por bolívar y las minúsculas son por su valor). Luego de hacer un par de filas para obtener un sándwich de jamón y queso con su respectiva bebida noté que habían policías escoltando otra fila donde daban unos tamales muy parecidos a hallacas aunque con otro relleno, los agentes sacaban de la fila a los colombianos que siendo tan pobres como los compatriotas moradores de la plaza también aspiraban una cena gratis pero los uniformados no lo permitieron.

Imagino que por mi estampa de recién llegado enseguida otros compatriotas se acercaron a conversar, en especial fueron dos mujeres, una de ellas con dos niñas y esposo, la otra estaba sola. La primera dijo que tenía poco más de un mes allá, que en principio dormía en la acera junto al esposo quien además es Colombiano pero que por alguna razón no podía dar la nacionalidad a la señora y sus hijas, recién llegada pedía limosnas en los autobuses pero comentaba que para ese instante había comprado una cava y vendía agua en la misma plaza perro en horario diurno, había además conseguido alojamiento en alquiler en una barriada cercana, la comida regalada les ahorraba bastante. La otra señora , cuya vestimenta gritaba su pobreza , contaba que en Venezuela habían quedado tres hijos y un esposo, ella se había aventurado buscando mejores condiciones de vida , aunque no aspiraba empleo fijo por aquello de que en ese caso el tiempo no sería tanto a fin de visitar a la familia , al preguntarle por su vivienda me dijo que hasta hacia unos días dormía en las calles pero que alguien le había dado alojamiento y que al día siguiente iría a la casa materna para traerse a la hija mayor (9 años) con quien se dedicaría a “vender” dulces en las unidades de transporte colectivo ya que usualmente le reportaba cuando menos 50 mil pesos al día, mucho más de lo que conseguiría en un empleo formal en ambos lados de la frontera.

Luego de ver aquella comunidad donde la indigencia no solo vestía harapos pues también vi, (aunque no hablé con ellos) gente bien vestida y con estampa de profesionales universitarios de todas las edades, me volví al terminal a terminar de pasar la noche que con el estómago lleno siempre se hace más amable la banqueta que en suerte me tocaría. En efecto me apropie de un banco en el andén del terminal, allí dormían otros tantos compatriotas en espera de la unidad que los sacase de allí al día siguiente, el cansancio pudo más que la cautela pues tenía más de 24 horas viajando entre autobuses y caminatas, tuve un coma profundo hasta la seis de la mañana cuando volví a la vida, en una pieza y con la maleta aun a mis pies.

Salí a buscar un tinto ya que tenía aun algo de dinero con que pagar el cigarro y el café reglamentario de cada mañana, le compré a un señor a la puerta del terminal donde un compatriota cuyo acento de barriada caraqueña denotaba su origen (así como la vestimenta) , se acercó buscando conversa , ya me sentía Forrest Gump hablando en la banqueta aunque en este caso era el borde de una maceta , el señor habló de su casa, de hijos y de supuestas promesas de empleo , ahí me enteré que alguna ONG les daba desayuno caliente. Fui hasta el sitio del reparto (la misma plaza de la noche anterior) y ahí escuche de que vivían, algunos caminaban buscando empleos a destajo, los que tenían oficio se reunían para visitar las construcciones , los que no pues buscaban desde vender pasajes en el terminal hasta limpiar carros en los autolavados donde el trabajo es brutal pero pagaban lo suficiente para reunir, los menos aseguraban hacer cualquier cosa que les permitiese pagar un sitio donde guardar la maleta y la ducha del día, aunque varios aseguraban ducharse en el rio donde aprovechaban de lavar ropa. La queja normal era sobre los robos que se hacían unos a otros, las miserias ni compartidas son llevaderas entre ellos.

En el mismo sitio de la frontera donde volví esa mañana a sellar mi pasaporte pues pedían como requisito indispensable un pasaje de ida para poder hacer el trámite, vi filas largas de gentes esperando turno para que los soldados del ejército les regalasen agua, fruta y alguna chuchería  mientras cincuenta metros más allá varios negocios hacían ruido anunciando ventas de productos que hace rato no se ven en los anaqueles de Venezuela, allí también había mucho compatriota haciendo compras para volver, seguro habrían desde vendedores informales hasta amas de casa que reunían de alguna manera para asumir el descomunal costo de hacer compras del lado colombiano, hay de todo pero a precios locales son astronómicos por lo desfavorable del cambio. Cucuta ya parece una Calcuta latinoamericana donde en vez de Coolis hay venezolanos, en otra ocasión hablaré de como sobreviven en Bucaramanga mis compatriotas, el éxodo tiene muchas historias de horror.
José Ramón Briceño, 2017

@jbdiwancomeback

miércoles, agosto 16, 2017

Venezuela, país irreal

Una de las peores cosas que nos suceden a los ciudadanos venezolanos es la ausencia de información fiable, en realidad nadie sabe jamás nada , todo son supuestos y hasta los procesos administrativos que en todas partes del mundo son inamovibles, esa burocracia absurda que todos odian pero que sabemos solo hay una manera correcta, en Venezuela puede ser resuelta de mil formas distintas donde todas pasan por conocer a alguien, ser familiar de alguien o tener suficiente dinero para pagar a algún gestor, de hecho tengo la impresión que luego del narco y el mercado negro, ser gestor es mucho más rentable que ser médico especialista.  Si hablamos del asunto político la cosa es aún más espeluznante.

Los medios de comunicación no comunican nada, de hacho todos muestran un país que desconozco donde las miserias de todos los días son minimizadas por eslogans, mítines, gritos y consignas, los noticieros son vitrinas de la farándula, solo las redes sociales muestran noticias aunque su veracidad pueda ser cuestionada. Por ejemplo, hay cientos de post que hablan de la “resistencia” donde militares supuestamente activos hacen demoledoras promesas de acabar con el gobierno, presos políticos que aseguran resistir a todas las duras pruebas de su prisión con nla calaña de los carceleros, políticos que a pesar de su filiación opositora hacen demostraciones de adhesión a las cosas más locas que se les ocurren a los barbaros del gobierno, invasiones extranjeras mientras desde el gobierno hablan milagros de una revolución imaginaria pues mi realidad y la de los que me rodean dista siglos luz de las aseveraciones del partido y sus voceros.

Si hablamos de la persecución política toca hacer ciertas distinciones, los muy visibles que por su cualidad son perfectas presas para que la policía gana prebendas con sus jefes cuando atrapan a alguno, los invisibles pero con dinero de los que la policía también puede hacer negocios ya que es vox populi que la libertad de algún manifestante vale entre mil y tres mil dólares en efectivo (una fortuna descomunal en un país donde muy poca gente gana más de cincuenta dólares al mes), los invisibles pobres que por lo general terminan en algún penal de máxima seguridad pagando groseras condenas sin haber pisado jamás un tribunal, esos parecen ser juguetes para que los acólitos de los sistemas de seguridad estatal ejerciten sus instintos sádicos para mantener bien engrasada la bestialidad necesaria. En todos los casos anteriores se mantiene la constante de ausencia de información oficial sobre los procesos, es decir, todos están a merced de los caprichos del poder, las leyes son soportes para sus documentos pero en ningún caso la necesaria guía para sus actos, no importa quien seas igual estás indefenso.

Por último y no menos grave estamos el resto de los ciudadanos, sobre todo los que hacemos o hicimos vida política activa o aquellos quienes desde sus teclados hacen resistencia , no solo apoyando las denuncias, también los que escriben, denuncian y hasta ejercitan el sano ejercicio de liberar presión insultando a los culpables, todos somos sospechosos y podemos ser reos en cualquier momento, pero nadie sabe cuándo puede ser, es más, lo factible es que puedas pasar toda tu vida asustado y no suceda nada pero también es factible que algún compañero de trabajo, vecino, “amigo”  y hasta cofrade de la misma iglesia te denuncie y termines preso por tiempo indefinido bajo el dudoso cargo de “traición a la patria”, nadie sabe.

No existe manera alguna de que podamos saber exactamente cómo actuar en el país, nadie te puede decir exactamente ningún procedimiento, es casi imposible saber a ciencia cierta si lo que se lee en los medios digitales es cierto, no existe en ninguna parte alguna estadística fiable que refleje la realidad del país o cuando menos de manera oficial, en Venezuela todo es un acto de fe, donde lo único real es no tener fe en nadie pero rezar todos los días para que no seas una víctima más de la psicopática forma de vida que todos tenemos en esta extraña dimensión que damos en llamar por pura necedad “realidad nacional”.
José Ramón Briceño , 2017
@jbdiwancomeback


miércoles, agosto 09, 2017

La rebelión necesaria

Todos nos quejamos de la MUD y de su incapacidad para apoyar las acciones de los ciudadanos que viven bajo el yugo comunista, para quienes los trajes, restaurantes y demás comodidades que en apariencia tienen los señores representantes de esa tolda política, pero que casi la totalidad de los venezolanos solo tienen derecho a soñar pues la situación económica hace imposible hasta comer con dignidad. Desde hace unos meses han comenzado las acciones de calle, el saldo es por todos conocido así mismo la MUD tampoco ha colaborado la gran cosa, de hecho su “necedad” democrática los ha anulado ya que los representantes del gobierno se apropiaron de todos los espacios incluyendo claro la eliminación de la Asamblea Nacional , con lo que esos parlamentarios cuyos cargos los ganaron en unas elecciones donde (imagino que la votación ha de haber sido descomunal pues no hubo manera de hacer el acostumbrado fraude) se alzaron con más del setenta por ciento del senado.
Ahora son un adorno pues su funciones las absorbió un extraño Tribunal Supremo que de paso tiene un presidente con prontuario criminal, que según las leyes de la república no debería tener derecho ni a ser portero, pero así son las cosas. La parte más amarga es que aun la MUD sigue pidiendo elecciones, quiero pensar que todo es una pantalla para no darle excusas al gobierno criminal para hacer una mega redada donde TODOS terminen acompañando a los estudiantes presos en el centro de readoctrinamiento de El Dorado, en plena selva donde si no los mata la malaria, lo pueden hacer los custodios con su régimen carcelario y si sobreviven lo más factible es que esos años perdidos terminen por matar su cerebro como sabemos sucede con la mayoría de quienes sufren tal tortura.
No entiendo mucho de política , aunque me esfuerzo bastante por intentar comprender las razones de lo que sucede en mi país, en ocasiones me asomo a ciertas certezas que me provocan vértigo y arcadas del susto, sin embargo también tengo la seguridad de que en estos momentos desesperados es cuando precisamente se necesita tomar medidas drásticas , los comunistas no saben de legalidades que no los favorezcan , de hecho no es ningún secreto la cantidad de barbaridades que cometen a diario y cuya única legalidad está basada en el capricho de los jefes que hasta un TSJ privado se compraron.
Lo bueno de ese gobierno es que han permitido que el mundo sepa cuan forajidos son, eso de permitir que los tribunales militares juzguen a civiles , las torturas más que documentadas, el hambre usada como medio de control político CLAP mediante, las requisitorias internacionales que tiene varios funcionarios del alto gobierno por trafico de drogas, las más que evidentes y demostradas relaciones entre esos mismos funcionarios con varias organizaciones terroristas y vaya usted a contar cuantas cosas espeluznantes hay por ahí pendientes de ser juzgadas y que son vox populi en el mundo pero que en Venezuela son censuradas .
Todas esas son razones más que validas para que la Asamblea Nacional, legalmente constituida, reconocida internacionalmente y que en una más que evidente anormalidad ahora sesiona desde las escaleras del hemiciclo pues ni entrar los dejan, debe dejarse de tonterías y solicitar a la comunidad internacional más que solidaridades de micrófono. No se mis compatriotas, pero me harta eso de oir como los parlamentos mundiales discuten, hacen documentos, emiten sanciones a individuos mientras en mi país la gente sigue muerta de hambre y en el mejor de los casos subalimentados, recordemos que más del 90% de la población vive en pobreza critica cuya descomunal miseria es un asunto complicado de imaginar para cualquier país del mundo (por cierto queridos lectores hagan un ejercicio de imaginación y véanse sobreviviendo con 20$ al mes pero con los precios de sus países). Todas estas razones , además de otras cientos más , deben bastar para que en un arrance de valentía, esa misma MUD sumada a otros movimientos nos dejemos de tonterías y solicitemos ayuda militar, así sea en armas, municiones y entrenamiento que estoy seguro que en el país hay millones que saldrían a empuñar esos fusiles para salir del hambre, total la lotería de la muerte que se gana 25 mil muertos al año sin contar los que mata la policía o la GN solo por protestar igual nos puede tocar a los que por pura suerte seguimos enteros por estas calles.
Nadie se llame a engaño pues hasta Simón Bolívar podría ser acusado de traidor si tomamos en cuenta que la guerra de independencia fue sufragada con dinero de países solidarios que hasta hombres enviaron a pelear sus batallas en suelo venezolano y más traidores  que los falsos bolivarianos que han regalado el país no a una potencia si no a dos y como si  fuese poco se dejan manipular por una islucha cuyo único producto nacional son las jineteras, así que hay que dejarse de pruritos y comenzar la lucha armada, los recursos pacíficos no son efectivos, tal y como lo demuestra la historia reciente.
Si por casualidad alguno viene a hablar de Mandela creo que deberían saber que el gobierno sur africano lo saco de la cárcel para que él fuese el moderador de la violencia desatada que ya tenía contra las cuerdas a Le Clerk, si nos vamos más atrás Gandhi  fue clave cuando la lucha violenta obligó a la Gran Bretaña a buscar apoyo de un hombre excepcionalmente respetado en su país para la transición a la independencia de un país descomunal como lo es la India, allá no era solo asunto de independencia, también estaba la inmensa violencia ejecutada por las diferentes facciones políticas y religiosas del momento, así que a pesar de que esos personajes son iconos de la no violencia, realmente existieron gracias  a la violencia extrema que al final fue lo que determinó que los gobiernos acabasen por entender que su poder ya no tenia espacios, los totalitarismos nunca saben de leyes que no les convengan, solo la misma ley que ellos aplican funciona para desalojarlos.
José Ramón Briceño 2017
@jbdiwancomeback