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domingo, agosto 18, 2013

Lo que se hereda no se hurta



A petición de un amigo virtual, quien le da como curiosidad el acontecer social y algunas particularidades de mi país, voy a intentar hacer un resumen bastante sucinto de lo que considero la herencia colonial que aún pervive en el inconsciente colectivo de muchos venezolanos.

En el siglo XVI comienza formalmente la conquista y colonización en mi país, al confirmar que acá no había oro sus majestades católicas nos consideraron poco rentables por tanto nos dejaron como una simple capitanía, casi que olvidados de la metrópoli, fuimos tomados por asalto de cuanto forajido se le ocurría saltar el charco a esta tierra olvidada de dios, por tanto fuimos dejados de la autoridad real para ser más que el traspatio de renegados que por asuntos de la distancia hacían y deshacían a su antojo, sin que la ley o cualquier otra instancia pudiere poner coto a las arbitrariedades, claro, hubo también familias patricias bien avenidas, sin embargo puertas afuera los hombres de su casta eran poco menos que dictadorzuelos.
Otra cosa que tenemos que tener en cuenta es que desde la conquista y a causa de ese distanciamiento mismo de la metrópoli que de cierta forma aseguraba total impunidad a los hombres fuertes, obligaba a todos a adaptarse o a morirse tempranamente en el intento, si no eran los indígenas, eran los otros terratenientes cuando no el hampa de aquellos tiempos de hombres bravos y “ciudades” de apenas cientos de habitantes. La esclavitud llegó para quedarse, con ella pues llegaron tradiciones de otras tierras que se mezclaron, así mismo la carne reclamaba su parte y comenzó otra raza de mestizos, que fueron desplazados por los hijos de matrimonios blancos una vez que el rey levantó la prohibición de mujeres en esta tierra, ahí comienza otra fuente de odios entre hermanos, literalmente.

Durante trescientos años el cacicazgo de los grandes cacaos (hacendados de mano fuerte y látigo ligero) la autoridad real fue algo menos que decorativa, sin embargo estos tipos fuertes aun se creían súbditos españoles cuando la realidad era que los despreciaban por ser eso que dieron en llamar “blancos de orilla”, en el siglo XIX hizo su entrada le llamada compañía Guipuzcoana, una suerte de empresa reguladora del monopolio real de lo que acá se producía, España era un amo voraz pues Europa misma era un espinero de bayonetas y cañones en guerra eterna, esa empresa comenzó a obligar a los hacendados locales a vender toda su producción a la corona, así estos perdían poder económico ya que entre otras cosas les prohibían comerciar con otras naciones que si pagaban muy bien la mercancía local, ese fue el real germen de la independencia.

Allí comenzó un siglo de sangre y plomo, el poder era del más fuerte, fue un siglo de hazañas guerreras, en que una mitad del país mató a la otra mitad, desapareció la mano de obra y el precario equilibrio de las leyes pues se terminó de olvidar. La historia ha negado totalmente el carácter económico de esa primera revuelta que origino ochenta años de guerras, después de la independencia hubo varias guerras más, hasta comenzado el siglo XX. En el principio de la guerra de independencia ya era un asunto político y como tal fue tratado, la economía la discutían solamente quienes tenían bienes de fortuna, el país por ser pobre no le interesaba, por esa razón los políticos de ese tiempo tomaron a los románticos del siglo anterior, esos que determinaron mucho del ideario de la revolución francesa y los adaptaron a la realidad local, por esa razón no es de extrañar que casi todos los grandes generales de la independencia fuesen familia, Bolivar mismo era primo de muchos altos oficiales con contadas excepciones, a todos los ligaban lazos de sangre o por afinidad, eran cuñados, primos, tíos hasta la llegada de los andinos, pero eso fue mucho más adelante en esa historia.

Esos  pasados cien años donde la cultura y otras fuentes de educación fueron dejadas de lado, ejemplo clásico es que el más grande lingüista de América, Don  Andrés Bello terminó en Chile y no en su país natal donde si no eras hombre de armas y de corta inteligencia no tenias mucho futuro, aunque algunos por acá de seguro me insultaran con sus comentarios y seguro dirán que Bolívar y otros más fueron muy cultos, yo les respondería que tienen razón, sin embargo también es de notar que el índice de analfabetismo era inmenso y esos generales eran de lo que ahora llamaríamos “Familia bien”, tenía dinero , viajó, estuvo en Europa gastando a manos llenas, tuvo maestros particulares, su educación incluía los clásicos de la literatura universal en el idioma original, sin traducciones, en resumen fue un hombre de mundo en una época donde ni electricidad existía. El cuento es que más del 95% de la población nunca se alejó más de 40 kilómetros de su lugar de nacimiento, en resumen el nivel de ignorancia era inmenso y lamentablemente aun lo es, eso también tiene su génesis en eso de solo ser capitanía, mientras en el Perú, Colombia , México, Argentina, Chile y alguna otra nación que escapa a mi memoria habían universidades, escuelas y una organización más o menos acorde con lo que se pensaría en hacer progreso del conocimiento, acá solo existía una sola universidad y algunas escuelas, en el siglo XIX cuando menos, esas pocas escuelas eran para las familias que pudiesen pagar, los otros pues al trabajo o a la guerra. Cuenta un escritor venezolano que en una recepción en Europa, un presidente conoció a la reina de España, allí tuvo la osadía de preguntar por qué Venezuela siendo un país tan pequeño tardó casi veinte años en darnos la independencia, lo que respondió fue que si no hubiésemos sido tan rapaces y hubiese negociación quizás la guerra se hubiese acortado pero que la violencia y la desolación tocaba ser reprimida hasta que ya la corona agotó sus recursos y nos dejó tranquilos, lo que trasluce un triunfo más de la perseverancia y el agotamiento que de genio militar, sin embargo no deja de tener su grado de brillo una milicia no un ejército, derrotando a unos muy bien entrenados soldados, veteranos de las guerras napoleónicas dejados en el campo de batalla por miles de hombres semidesnudos a fuerza de machete y valor, se respeta tal muestra de hombría.

Esa herencia se podría traducir en que el poder proviene de la fuerza y el dinero, lo otro pues que lo dejen para los “Doctores y licenciados” considerados poco menos que miriquitas dentro de una sociedad que ubica el valor en relación a la fuerza o el poder, así pues hemos venido dando tumbos por la historia, hasta la llegada del petróleo, donde la riqueza volvió a ser pervertida por la política, las ciudades tuvieron una ampliación grande de los cinturones de miserias, volvimos al esquema de, tener poder por sobre cualquier cosa, solo que la política ganó fuerza junto con las cúpulas militares, la diferencia está en los adelantos tecnológicos y otras bondades de la contemporaneidad, lo malo es que los militares ya no son tan valientes como antaño, transformándose en uno de los múltiples canceres de la sociedad venezolana en conjunto con la política contagiada de petrodolares e impunidad, viéndolo en perspectiva la cosa en el fondo no ha cambiado tanto, aun el fantasma de la colonia pulula entre nosotros, para peor mal, no quedó lo bueno, al parecer todo eso que nos queda como nación ha sido nuestra perdición,
José Ramón Briceño, 2013

@jbdiwancomeback 


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Q yo sepa, en las guerras de independencia nunca se mandaron o intervinieron tropas "peninsulares". (Los llamados realistas no eran "españoles")

Opiniones desde esta esquina dijo...

Las tropas que vinieron con Pablo Murillo eran veteranos de las guerras napoleónicas, de hecho pensaban que esa era la ultima solución al conflicto, por tanto creo amigo que le toca hacer una revisión más profunda del tema, si hubo tropas peninsulares aunque también mucho del ejercito realista estaba constituido por partidarios criollos.