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jueves, noviembre 09, 2017

La ley contra el odio

Las redes sociales son (en teoría) espacios desde donde uno se puede expresar como bien le venga en gana, se supone que como individuo se es libre de pensar y decir lo que se quiera, usando estos espacios digitales como válvulas de escape ante lo avasallante de las situaciones de vida, también teóricamente somos mucho más libres, pues se supone que el conocimiento libera e Internet es la biblioteca más grande e interesante de toda la historia humana, sin embargo la realidad es otra. Las redes sociales han repotenciado un fenómeno que sucede desde la explosión de la señal satelital, cuando la información e interacción de todos los seres humanos estaba supeditada a la edición de los periódicos o a la emisión de los noticiarios , lo que (en comparación a estos tiempos) era bastante lenta, pero aun así se consideraba que las noticias, impresiones, declaraciones y hasta manifiestos volaban de boca en boca en cuestión de horas, hoy día lo hacen en cuestión de segundos , si le sumamos las redes sociales y todo el cúmulo de adminículos que se manejan junto a las más diversas aplicaciones digitales, cualquier noticia es del dominio publico en segundos sin importar mucho en que parte del planeta estés pues el Internet no respeta ni conoce fronteras.

Desde la explosión de las fulanas redes somos menos libres que nunca pues los censores se centuplicaron y cada idea expresada en los caracteres del medio escogido puede hacerte la vida (más) miserable si los fulanos censores no saben interpretar lo dicho, de hecho en mi país (Venezuela) de manera ilegal han llegado al extremo de inventarse una ley contra el odio que en verdad considero es una daga en la garganta de todos, ahora no solo puedes perder tu empleo en caso de que tu jefe considere que tus opiniones no son cónsonas con las políticas de la empresa, resulta que cualquier expresión debidamente tamizada por el filtro de la retórica ideológica puede llevarte a la cárcel sin apelación ni escape posible.
No es un fenómeno local, digamos que mañana sucede un milagro y encuentro la manera de salir del país, digamos que consigo la forma de hacer suficiente dinero para ir de vacaciones (o lo que sea) para Estados Unidos donde residen gran parte de mis  amigotes de la juventud con quienes tengo una deuda inmensa en fiestas y cuentos atrasados, por supuesto comenzaré una intensa campaña para avisar que voy en camino , quizás hasta me vuelva poético y diga que la semana que estaré allá “Quemaremos las calles para enseñarles a los gringos”, lo más seguro es que cuando esté haciendo mi fila en inmigración, maravillado con la posibilidad de conocer algo del primer mundo (!!!!al fin¡¡¡¡¡) un guardia de seguridad Googlee mi nombre y vea el anuncio en mis redes sociales, en lo que levante la mirada verá a este nieto de árabes de calva y larga barba canosa para jamás creer que eso de quemar las ciudades es una formula retórica para expresar que me beberé hasta el agua de los floreros y si dios es bueno hasta probaré lo de la legalización en alguno de esos estados además quien quita que hasta pueda seducir a alguna dama , no, de seguro creerá que soy un Al Qaeda con pasaporte venezolano e iré a quemar a los infieles, en fin, no conoceré más que la inmigración y volveré con las esperanzas destrozadas por que un imbecil policía no sabe de poesía.

Para ser menos  trágico, digamos que acá en este blog publico un texto sobre lo poco que me agradan esos sitios que llaman “de ambiente” que no es más que un eufemismo para decir que es una disco Gay, en verdad no tengo absolutamente nada contra las preferencias sexuales de nadie pero no me parece interesante estar en un espacio así, como ellos también es mi escogencia decir si me agrada o no el espacio. En el momento en que describa la razón de mi incomodidad seguramente alguno levantará su voz para decir que soy un intolerante, homofobico y quien sabe cuantos adjetivos calificativos ofensivo más por tanto seré candidato a censura y con esta nueva ley hasta preso puedo ir, cuando en realidad para mi el asunto es tan simple como admitir que detesto con toda mi alma la berenjena, que no soporto ni su aroma pues me da arcadas , quizás en ese caso hasta aparezca algún talibán de la buena salud y me acuse de estar haciendo propaganda de odio en contra de los vegetales por tanto los veganos del mundo deberán unirse en contra de un fascista que hace apología de la muerte al declarar que un vegetal le da asco, seguramente para apoyar a las transnacionales culpables de la muerte de millones de inocentes toros inmolados en nombre de la barbarie carnívora.

En fin, vivimos en la época donde el fascismo está disfrazado de buenas maneras, donde toca ser indolente, ignorante y muy importante, militante furibundo que se enfurece ante cualquiera que los contradiga, que insultan a todo aquel que no comulgue con sus credos pero en contrasentido total exigen que todos los “toleremos y aceptemos” sin que ellos jamás nos acepten solo por expresar una opinión muy personal, eso en pos de una buena causa que más parece una malvada por aquello de la rabia que expresan solo por sentir que no se les comparte la idea. Ahora estamos peor, no solo vivimos acoquinados por lo que expresamos, también podemos perder la libertad para exigir una mejora que nunca llega que en Venezuela era lo único que nos quedaba, ya ni eso.

Josè Ramón Briceño

@jbdiwancomeback



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