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martes, mayo 09, 2017

Odiar no siempre es pecado

He oído en distintas ocasiones a tal o cual funcionario dando declaraciones sobe el odio que les tiene la oposición mientas que ellos solo dan amor, la verdad cada vez que los escucho casi vomito de tanto asco que me da eso de que un ser teóricamente inteligente diga estupideces de ese tenor y lo peor, que otra persona también (pensamos) inteligente se trague tal idiotez.
Puedo afirmar que si hay mucho odio en contra del gobierno, no veo razón para enmascararlo ni inventar alguna fórmula retorica que lo disfrace, si mi sueldo no alcanza para comer ningún mes ¿de quién es la culpa?, si no encuentro en ninguna parte las medicinas para cualquier se querido incluyendo a uno mismo ¿es culpa de quién? Si no encuentro empleo, mi calidad de vida es peor, no veo futuro, vivo un proceso de ranchificación  acelerada sin que vea salida posible más que morir de mengua, se muere algún familiar por no tener una medicina, una operación. Es más, este gobierno es tan porquería que hasta a los emigrantes les joden la vida, ¿Cuántos compatriotas no están indocumentados y presos (figurativamente) en el extranjero por no tener pasaporte? ¿Cuántos se fueron confiados en los tratados Mercosur y ahora son parias sin futuro?
Volviendo a las fronteras ¿Cuánta gente no se sentirá asqueada al saber que quien mató a su se querido es ahora feliz usuario de las cárceles donde los presos mandan más que los custodios?, ¿Dónde está el futuro de los estudiantes universitarios? , quien pagará los muertos por la salvajada policial en las protestas? , ahora bien , ya vistas todas esas peguntas , ¿no hay razones para odiar al gobierno?.
Por mí, el Papa puede seguir dando su misa dominical en la Plaza San Pedro  y pontificar  sobre unos valores cristianos que si bien son muy lindos, solo aplican en países donde la cultura, educación, futuro y hasta la historia son reverenciados, no en estados como este donde ser bárbaro e ignorante se celebra hasta con altos cargos  y se festejan con “dignidad revolucionaria” .
Volviendo al odio, no creo  que nadie en su sano juicio pueda ser feliz ente tanta desazón y lo más lógico es que se busquen culpables y de paso que tengan la aspiración (muy sana por demás)  de castigar a esos culpables, que esto genere un muy sano ambiente de repulsa también es absolutamente normal, hasta ahí no veo gran problema. Detestar u odiar es un sentimiento absolutamente natural en el ser humano, máxime cuando se ha sido maltratado de todos los modos posibles y en este país todos hemos sufrido maltratos, desde no encontrar alguna medicina, empleo, sueldo decente, comida, calidad de vida y hasta lograr  algún trámite legal sin que medie algún pago bajo cuerda para acelerar el documento, todo de manera ilegal a fin de procurar el trámite sin mayor tardanza. Eso para no repetir la cantaleta de cosas que nos faltan a los ciudadanos de a pie.
Así que ese discurso sobre cuanto odiamos a estos funcionarios es algo que no debe llenar  de pesar a nadie por muy cristiano que sea, al final esa reacción del gobierno solamente es un chantaje emotivo para hacemos sentir incomodos. Solo es una fracción de los largos y cuidados llantos de los pobres adalides de la izquierda, cuya finalidad es disfrazar su total estupidez administrativa en cuanto para gerenciar  las riquezas (reales o ficticias) de este país, hacen gala de todo el mal sentimiento que en teoría engloba el odio, pero si no tuviésemos esa capacidad de detestar  hasta límites complicados de explicar no seriamos humanos, tampoco podríamos establecer las normas de convivencia ni hubiésemos logrado  nada en nuestra historia. Sin el odio no existiría ningún movimiento independentista, no ceo que los fundadores de la patria hayan ido a las guerras con pensamientos beatíficos de paz y amor pues la guerra es a muerte y eso no habla nada en pos del cariño hacia el enemigo, las grandes gestas nunca se hicieron utilizando el amor más que de manera retórica, la humanidad siempre se ha valido del odio para lograr grandes cosas, que después los poetas o estadistas encubran todo con algún discurso grandilocuente es otro asunto.
Todo el mundo odia a las ratas o las cucarachas (por nombrar dos plagas “estándares” que aplican al símil)  y a nadie le incomodaría eliminarlas de la faz de la tierra, a las ratas hay que desaparecerlas, aunque se vistan de rojo ratas se quedan. Querido lector (si está en Venezuela), use su odio de manera constructiva para que tengamos en algún momento el país que soñamos y no esta pesadilla de la que todavía no despertamos.
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José Ramón Briceño, 2017
@jbdiwancomeback

     
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