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sábado, julio 14, 2012
sábado, julio 07, 2012
Despedidas
Mi abuela se fue hace unos meses, casi un año y como por que no se pudo no me pude despedir de ella en el momento de irse, sin embargo estuve hasta bastante tarde a su lado , en aquella clínica de la cual no quisiera acordarme nunca más, este breve escrito lo hice a modo de catarsis y acá lo dejo para compartirlo con aquellos que quieran leerlo.
Las despedidas nunca son buenas a menos que
sean de los problemas de los que uno se aleja, un día del que aún me niego a recordar la fecha te
fuiste, aun recuerdo nuestra ultima conversa, de cosas intrascendentes para
hacerte olvidar el dolor que te tenia postrada en una camilla de aquella
clínica que por ahora parecerme un matadero realmente detesto, aquel día
parecía que todo estaba orquestado por alguna vaina de esas que llaman destino,
debía estar en mi trabajo pero me escape para matar un tigre, al que por cierto
llegue tarde y decidí hacer una diligencia cuando recibí una llamada telefónica
avisándome lo que te habla pasado y casualmente estuve en el sitio primero que
la ambulancia, te recibí y hasta lloraste pensando que no me ibas a ver.
Creo
que tu sabias que esa noche te ibas para no volver, mientras que nosotros
pensábamos que era un susto más de esos que ya nos tenias acostumbrados, esas
fracturas que te habían dejado tus huesos de pajarito con cicatrices que no desaparecían, con alambres que te sostenían
el hombro y bastones que te acompañaban en la ruta. Cuando no eran esas
dolencias que te postraban en cama y obligaban a usar pañales de niña grande y
que, sabíamos, odiabas por tu eterna fijación con el aseo corporal, sin embargo
de todos los accidentes y enfermedades siempre salías triunfante, menos esa
tarde de lluvias cuando por centímetros una fractura te reclamó para la tierra.
Aun
recuerdo tu voz diciendo que para el hospital no, y los médicos sorprendidos de
que aun respirases con unos pulmones casi secos y un corazón gigante, lo que
nadie dijo es que ese corazón era así de grande por todo el cariño que
dilapidaste durante tu paso por la vida, donde acogiste a propios y extraños
como hijos tuyos, esos pulmones secos fueron de tanto suspirar por tristezas
propias y ajenas, los rezos nocturnos que se convertían en largas letanías
pidiendo por todos y las lagrimas que derramaste por la suerte de tus hijos,
nietos y bisnietos que quisiste tanto y quienes te quisimos tanto, que a estos
meses de tu salida del mundo aun lloramos tu perdida.
Aunque
se que la naturaleza tiene un ciclo inexorable y que tu destino es el mismo que
correremos todos, no consuela la vaina, se hace peor la falta ya que según
muchísima gente lo que queda es el alma y el cuerpo se pierde tal como un
caparazón usado, entonces uno secretamente al intentar apoyarse en eso se da
cuenta que da más bronca saber que ahora eres parte del aire pero al igual que
él no te veo.
viernes, julio 06, 2012
Pensando algunas cosas
Las bodas, estos eventos cuya naturaleza no requiere mayor explicación, usualmente se transforman en una suerte de vitrina con la que el novio le grita al mundo que si puede con la responsabilidad que significa tal paso en la vida de las personas.
También, desde siempre ha sido una pasarela social donde otros (los padres de ambos usualmente) hacen gala de una suerte de competencia interfamiliar que pretende (siempre con disimulo) comparar las bodas de otros familiares y amigos, hasta aquí todo bien. El cuento señores es que como fotógrafo siempre me encuentro con el saludable regateo, cosa que yo realmente no practico mucho pues la verdad considero que parte del respeto es el de considerar las honorarios como un punto de honor, sin embargo veo con sobrada preocupación como hay una camada de jóvenes talentos regalando el trabajo, desde precios de risa como 3000 bs. Por fotos y video, hasta ofertas de 1500 por solo el disco en digital, eso señores va en contra del trabajo de otros pues sabemos todos en el medio que una fotografía de fiesta no debería costar menos de 60 Bs. Por unidad y el video pues tampoco lo deben regalar, hablamos de una millonada en equipos amén de muchos años trabajando para lograr una imagen si no perfecta bastante cercana para que otros con desparpajo regalen el trabajo, eso no debe ser, entiendo de necesidades pero también debemos saber algo sobre respeto.
Claro, otra consideración especial es para los novios, ellos (o sus familias) se gastan ingentes cantidades de dinero en salón, vestido, comidas, grupos musicales y licores. Puedo asegurar que con nada hay regateo, hasta que llegan a las fotografías, todos quieren estudios, miles de fotos, que todas queden bellas, pero además pretenden regalos del fotógrafo. Eso no se vale, si se gastan millones en algo tan efímero como el licor y comidas, que al final terminan en el sanitario, salones que son por horas, vestidos que nunca más utilizarán, por Dios, inviertan en las fotos que sus nietos seguramente verán y son lo único que quedará después de las fiestas.
miércoles, mayo 16, 2012
Un sentido homenaje
Sé, que ningún familiar del maestro Carlos Fuentes lo leerá, realmente nunca lo ví ni de cerca, solamente leí algunos de sus libros y me entristece que otro genio se vaya para otro sitio desde donde nunca más escribirá nada, ojalá allá adonde se halla ido encuentre su ciudad más transparente, igual pero diferente a la que dejó, que se encuentre con su compadre Artemio e intercambien ideas, que reciba a los que se van por aquello de la ley de vida y que cuando me toque a mi, me lo encuentre y pueda presentarme a los que se fueron, para que la eternidad cuando menos sea entretenida en medio de la bohemia de quienes, ya muertos, no tienen limites pues nunca más podrán morir
miércoles, mayo 09, 2012
Atlantes
En
este raro tiempo de guerra sin frentes, donde el insulto está a la orden del día,
la denuncia sin fundamento se ha transformado en una practica común de quienes
siendo representantes mediáticos del gobierno, promueven desde la televisión
una suerte de locura colectiva, llama profundamente la atención que señores con
títulos de posgrado hablen por la tv denunciando mensajes cifrados en
crucigramas de medios escritos, que casualmente tienen clara tendencia progubernamental.
Otro
desde la oscuridad de la noche tiene un monologo extraño, lleno de suposiciones
y cuentos chinos, esos dos tipos deberían ser escritores de novelas de aquellas
de los años de la guerra fría, con espías malvados y héroes que siendo también espias
tenían una moral altísima, al de la noche lo vi diciendo que la tragedia de la cárcel
era organizada desde la oposición pues era muy sospechosa esa vaina de que
justo cuando visita una periodista de CNN se arma el tiroteo en una cárcel de
la capital, pero ni de vaina dice que allí hay 3500 o más presos cuando la cárcel
fue diseñada para 350, o que los presos tienen armas por que la gloriosa GNB
permite el acceso de ese armamento al recinto carcelario. Oye fulano,no jodas
la inteligencia de la gente, aunque pensándolo bien solo por creerle dudo que
exista tanto bruto en este país.
Estas
cosas me recuerdan un cuento que leí hace mucho tiempo, tanto que hasta olvidé
el autor, lo único que recuerdo es que era Venezolano y al parecer
multipremiado, el hablaba en su cuento sobre una secta, decía que los atlantes existían
y que cada cinco años hacían una convención en una comunidad del Zulia, también
aseguraba que en esa convención se reunía lo más granado del poder y las letras
venezolanas a la espera de su hora para gobernar.
Hoy
día estoy por creer que el tal cuanto no era cuento, que realmente la logia de
los atlantes existe y actualmente gobiernan esta nación, todos se parecen,
sufren las mismas enfermedades, algunos fueron en otro momentos unos críticos bastante
lucidos del sistema, ahora padecen de una extraña amnesia selectiva, tildan de apátridas
a todo aquel que no bese el culo de los jefes, antes hablaban de la injerencia
extranjera como un cáncer de la política, hoy viven soñando entre la habana y
Caracas . Aquellos que denunciaban fortunas extrañas hoy callan ante la riqueza
súbita de muchos, nadie levanta la voz por ejemplo para demostrar que lo que
dijo gritado el magistrado aquel es falso, ni una prueba aportan para dejar
limpio el nombre de la republica, esos mismos que hasta hace poco criticaban el
fasto de gobiernos anteriores ni se inmutan ante la compra de aviones
presidenciales, flotas de camionetas de lujo. Odian al Imperio pero ni de vaina
dejan de ir a Miami para comprar “cositas”, hablan de unidad y son los primeros
que aplican la segregación por razones políticas, dicen las mentiras más
grandes sin asomo de vergüenza y aseguran que ellos son el camino, lo que falta
es que metan como eslogan oficial que “La revolución es camino, verdad y vida”
como los cristianos hablan de Jesús.
Una
de las máximas de la vida moderna es que la realidad supera a la ficción, en
este caso parece ser así, ni en los cuentos más descabellados aparecen
personajes de esta calaña y creo que el escritor del cuento antes nombrado nos
mintió a todos, seguramente el conocía de ese movimiento que se gestaba y lo
publicó con un dejo de humor, cosa que paso desapercibido para los lectores de
aquel tiempo, sin embargo hoy, muchos años después y pensando aquí en mi sala
sobre lo que se lee en las noticias y se ve en los canales oficiales, me
pregunto si ese cuento fue profético y lo atlantes ahora gobiernan mi país.
Por
cierto La atlantida fue un burdel que dicen existió en el Zulia y todos los
años los hijos de las trabajadoras (que no se criaron allí si no en distintas
partes de país) se reúnen para comentar entre ellos y visitar a sus madres,
esos son los atlantes.
Prof. José Briceño
2012
martes, mayo 08, 2012
De salida
Irse
no siempre es huir, muy al contrario es
buscar una mejora en la vida, siempre hay gente que ha viajado y decide no
volver, más allá de las nostalgias de la tierra natal. Mucha gente conocida se
ha ido del país, unos por esa búsqueda, otros por que sin nada que los ataba
pensaron que en otras tierras quizás si encontrarían eso que por acá no tenían.
Ahora
gracias a la internet uno puede saber de ellos muy rápido, hacer seguimiento de
sus vidas y hasta darse cuenta que lo que muchos cuentan son fantasias, pero
estemos claros, por aca la vaina no está color de rosas, patriotismo aparte,
sabemos que con un sueldo de profesor mucho no se hace, con uno de TSU menos,
aun licenciados e ingenieros los he visto trabajando de taxistas o de
vigilantes, aunque el trabajo no deshonra a nadie, esos empleos no necesitaron
de cinco años de carrera universitaria para realizarlos, da bronca.
Hoy
mataron a un ciudadano de a pie frente a un banco, la verdad sucede todas los
días, pero eso no quiere decir que a uno tenga que agradarle la vaina por ser
Venezolano, en días atrás a cientos los han matado por quitarles un teléfono,
un par de zapatos, una computadora portátil y hasta por una botella, que
cagada, alguno que levante la mano y diga si vivir en otra parte donde tus
hijos no vivan en esa zozobra no sería mejor. Eso que somos pobres pues de otra
hasta ir al cine sería un peo con los secuestros express y demás linduras del
hampa.
No
creo que en ningún cerebro con algo de masa encefálica funcional le guste vivir
entre balas y puñales, a nadie le debe agradar vivir encerrado por que “uno nunca sabe cuando le toca”, aunque
los jóvenes de el adefesio aquel de “Caracas ciudad de despedidas” se expresen
de la manera más burda y tonta sobre esta problemática, toca estar claro que la
cosa en estas tierras no está fácil para nadie y si se pudiese muchísima gente emigraría
huyendo del hampa, y si nos metemos con la cosa económica pues peor, conozco muchísimos
que doblan la cabeza para poder trabajar, otros (como yo) no tenemos ninguna
posibilidad dentro del ambiente natural de trabajo (ministerio de educación) pues la cosa política pesa dentro de los
pasillos de ese ministerio.
Algunos
que lean esto seguro se preguntarán, por
que carajo no me he ido, desde aquí se
los voy a contar, tengo hijos que no me puedo llevar pues su madre no lo
permitirá, entonces me sale calarme lo que pase pues es peor el asunto desde
lejos y a los hijos les falta el calor y el cariño de ambos padres.
A
quienes desde su ceguera política o de la que sea, les de por hablar de luchar
por el país y otras vainas por el estilo, desde estas líneas les hago una
propuesta, revisen sus sitios de redes sociales y saquen cuanta de cuantos se
quieren ir y cuantos se han ido, pregúntenles y luego revisen la crónica roja
de los diarios para que vean que quien se quiere ir no escapa, busca otro sitio
donde sus hinos tengan más posibilidades de llegar a adultos sin que ningún malandro
los mate o los veje por robarles alguna vaina que si bien es cara, no vale
ninguna vida humana, adonde tu trabajo te permita tener las cosas que quieres y
el estilo de vida que te provoca sin estar asustado o mejor, sin tener que
soñar toda tu vida por una casa, un carro y una vida digna pues sabes que tu
ingreso te lo va a permitir en menos tiempo que por acá.
Prof. José Ramón Briceño
2012
viernes, mayo 04, 2012
Un Sueño
Una
mañana vinieron a buscarme, aun era de madrugada y estaba oscuro, me decía una
voz que me apurase pues el camino era largo y tocaba ir deprisa , que tomara
mis armas (una espada sin filo que unido al mango tenia una suerte de maza
hecha de un material transparente , el cual servía como arma también) . Salimos
a la oscuridad y cruzaba un rio también oscuro que corría en una cueva. De la
nada salieron unos hombres con actitud muy violenta, en el forcejeo apuñale a
uno sintiendo como el puñal atravesaba la carne y partía huesos, el otro al
verse perdido gritaba que no lo dejasen pues no sabia nadar, yo a la misma vez
lo alejaba y decía que si se ahogaba gran cosa no se perdía, y así se fue
flotando sobre una maleta, resultaba que todos íbamos flotando sobre maletas
rígidas, de las usadas por quienes viajan en avión.
La
corriente de agua nos llevo a la orilla de donde salimos mojados (sentía que
eran varios pero no vi ninguno) , allí encontramos una salida, en el grupo iba
una joven con una espada, de esas que parecen de samurái, muy filosa y me decía
que si alguna cosa pasaba que la podía utilizar , pues ella no sabia como
usarla, que se la habían dado para defenderse pero temía el utilizar tal arma, recuerdo haber tocado
la espada, sacarla de su vaina y demostrarle a la dueña como de utilizaba la
espada y la vaina como arma defensiva, aun no sabia por que viajaba o por que
iba por ese camino, simplemente caminaba , era una ruta de montaña, con mucha
gente alrededor, me preguntaba que hacia allí pero como nadie me hablaba, nunca
decía en voz alta nada, simplemente me limitaba a caminar viendo hacia el
frente. En un momento dado una voz hablaba de mi país y mostraba en una suerte
de pantalla una imagen de una caída de agua con un pequeño rio al fondo, no se
por qué esa voz decía algo sobre la muerte de todos los peces y que esos eran
muy especiales pues a pesar de ser agua dulce parecían peces del mar, yo corrí
hasta un recodo a buscar un pez que había (pensaba) visto morir en el agua, lo
saqué con las manos y vi que aun respiraba, inmediatamente lo lancé al agua y
la corriente se lo llevaba rio abajo, pero decía que estaba atontado y que en
algún momento volvería a nadar normalmente. Luego me fui de allí y seguí
caminando.
En
una encrucijada donde convergían varios caminos de montaña, cuyo trafico era
intenso, habían caballos, carretas, gente de a pie y hasta ganado, allí había
una señora vendiendo café, esta señora resulto ser alguien conocido, cuando me
escuche preguntarle que hacia allí, si ella también había muerto, me comentó
muy sonreída que en ese mundo muertos y vivos se confundirán y hasta hablaban,
en ese momento entendí que estaba caminando hacia mi ultimo viaje, que estaba
muerto en mi sueño.
sábado, abril 28, 2012
La chica más hermosa de la ciudad
Este cuento no es mío. pero como homenaje póstumo lo coloco aquí, Bukowsky se fue pero dejó un retrato de su época tan bien contado que vale aprender de el aunque sea su forma de escribir y de describir, en este caso cuando menos la tristeza de alguien que decidió que su mayor maldicion era su belleza, cosa muy dificil de imaginar en estos tiempos de siliconas y cirugías.
La chica más guapa de la ciudadCharles Bukowski
Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.
Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no las sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: “No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas… todo fachada y nada dentro…” Tenía un carácter rayando la locura; Un carácter que algunos calificaban de locura.
Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía por el contrarío, realzarla.
Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto.
- ¿Tomas algo?
- Claro, ¿Por qué no?
No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión, Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.
- ¿Crees que soy bonita?- preguntó.
- Sé, desde luego. Pero hay algo más… algo más que tu apariencia…
- La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita?
- Bonita no es la palabra, no te hace justicia.
Buscó en su bolso. Creía que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentía repugnancia y horror.
Ella me miró y se echó a reír.
- ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?
Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó.
-Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones.
- ¡Vete a la mierda, amigo! -dijo ella.
- Será mejor que la controles -me dijo el encargado.
- No te preocupes -dije yo.
- Es mi nariz -dijo Cass-, puedo hacer lo que querrá con ella
- No -dije-, a mí me duele.
- ¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz?
- Sí, me duele, de veras.
- De acuerdo, no lo volveré a hacer. Animo
Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo.
Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó:
- ¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana?
- Por la mañana -dije, y me di la vuelta.
Por la mañana me levanté, hice un par cafés y le llevé uno a la cama.
Se echó a reír.
- Eres el primer hombre que conozco que ha querido hacerlo por la noche.
- No hay problema -dije-. En realidad no tenemos por que hacerlo.
- No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco.
Se fue al baño. Salió enseguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandeciente, toda resplandor… Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama.
- Ven, amor.
Fui.
Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo. Acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos.
- ¿Cómo te llamas? -pregunté.
- ¿Qué diablos importa? -preguntó ella.
Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entro ella con una hoja: una oreja de elefante.
- Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza.
Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante.
- ¿Cómo sabías que estaba en la bañera?
- Lo sabía.
Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.
Telefoneo una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza.
- Esos hijos de puta – decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas.
- La culpa la tienes tú por aceptar la copa
- Yo creía que se interesaba por mí, no sólo por mi cuerpo.
- A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.
Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado.
- Vaya, cabrón, has vuelto.
Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nuca la había visto así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.
- Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza….
- No, no seas tonto, es la moda.
- Estas chiflada.
- Te he echado de menos -dijo
- ¿Hay otro?
- No, no hay ninguno. Solo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis.
- Sácate esos alfileres.
- No, es la moda.
- Me hace muy desgraciado.
- ¿Estás seguro?
- Sí, mierda, estoy seguro.
Se sacó lentamente los alfileres y los guardo en el bolso.
- Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa.
- Vale -dije-, tengo mucha suerte.
- No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante.
- Gracias.
Tomamos otra copa.
- ¿Qué andas haciendo? -preguntó.
- Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa.
- A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.
- No creo que quisiera establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio.
- Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso
Salimos juntos, por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca.
Fuimos a casa y abrir una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa.. de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quito aquel vestido del cuello alto y lo vi… Vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.
- Maldita sea, condenada, ¿Qué has hecho? -dije desde la cama
- Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún?
La arrastré a la cama y la besé. Me empujo y se echo a reír:
- Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.
- Sí -dije-, no puedo parar de reír… Cass, zorra, te amo… deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco.
Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso.
Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó.
- ¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!
Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutiendo ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos muchos. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente “NO”. La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui.
Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fabrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me dio el encargado.
- Siento lo de tu amiga.
- ¿El qué? -pregunté.
- Lo siento. ¿No lo sabías?
- No
- Suicidio, la enterraron ayer
- ¿Enterrada? -pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro. ¿Cómo podía haber muerto?
- La enterraron las hermanas
- ¿Un suicidio? ¿Cómo fue?
- Se cortó el cuello.
- Ya. Dame otro trago.
Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel “NO”. Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿Por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años.
Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé “¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!”.
Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.
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